Dudar o no dudar…

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“Si te acercas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba” nos dice el libro del Eclesiástico (Ecco 2,1).  A más de uno le ha pasado que  decide dejar mucho para seguir los pasos de Dios y lo que encuentra son dificultades. Nada raro. Pareciera que la prueba acompaña a quienes quieren servir, a quienes se apuntan a mejorar. En todo caso, esas situaciones nos hacen dudar. ¿Habré elegido el mejor camino? ¿Valdrá la pena renunciar a aquello, obteniendo esto? Aplica para el matrimonio, para la vida consagrada, para el sacerdocio o para cualquier vocación en la vida.

Al optar por un estilo de vida nos asalta la incertidumbre y con ella muchas dudas: ¿será lo mejor para mi vida? ¿qué pasa si no funciona? ¿Y si Dios no quiere eso para mí? Sin embargo hay que decidir. No optar ya es una decisión por sí misma. Francis Bacon dijo que “si comienza uno con certezas, terminará con dudas; mas si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas”. Me parece interesantísimo. Es mejor ir paso a paso.

Sin embargo, en medio de la tempestad siempre buscaremos seguridad. Estamos en contexto de lucha, buscando el  bien para nuestra vida, queriendo conocer lo que Dios quiere para mi historia.  Esa seguridad puede venir decidiendo. La duda la disipamos cuando damos el paso adelante, conscientes que también podemos equivocarnos. Es mejor avanzar, aunque a veces haya que retroceder para reorientarnos, que detenernos y no andar más. El que no camina se siente seguro, pero se momifica.

Una vez en marcha, caminar con todas las ganas. Dios conoce los esfuerzos y sabrá hacerlos fructificar. El mismo libro bíblico que citamos nos dice “sé firme,y no te inquietes en el momento de la desgracia” (Eclesiástico 2,2) y más adelante “confía en Él y Él vendrá en tu ayuda” (Eclesiastico 2, 6). Si es Dios quien nos ha llamado a servir y a amar, y mi decisión es acompañada por la pureza de intención, venga la dificultad que venga, podré salir a flote.

Dudar o no dudar no es el problema. Seguir o estancarse es la decisión clave.

Para colocar la cereza sobre el pastel, tres frases acerca de la duda:

  • “Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error” Alessandro Manzoni.
  • “Nuestras dudas son traidores que muchas veces nos hacen perder el bien que podríamos ganar si no temiéramos buscarlo” William Shakespeare
  • “Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción” Thomas Carlyle
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eso que llaman vocación…

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Vocación es un llamado. Muchos tienen vocación para ser maestros. Otros se sienten llamados para ser artistas, y así… Sin embargo, si nos detenemos en el tema y nadamos en el plano religioso, vemos que vocación es una invitación de parte de Dios a la felicidad.

Dios desde siempre ha llamado al ser humano a la plenitud. Si buscamos en la Biblia, vemos cómo muchas personas le han dicho “sí”, como Abrahán y Jeremías en el Antiguo Testamento y Pablo y María en el Nuevo Testamento. Pero hay un detalle: la propia felicidad se encuentra en el servicio a los demás, no como tesoro que debo guardar para mí mismo.

Hoy, Dios sigue llamando. El médico responde, dando salud a los enfermos. El maestro dice “sí”, enseñando a sus alumnos. La madre y el padre son “pro-creadores” porque colaboran en la creación de nueva vida. En la vida puedo experimentar distintos llamados de parte de Dios. Hay madres que son enfermeras y sirven en su comunidad de Iglesia, por ejemplo.

Pero hay una vocación particular en medio de todas. Mira que he pensado bien la palabra: particular. No es más que ninguna vocación, no es menos que ningún llamado. Se trata de la vocación para servir al Señor. Hay hombres y mujeres que dedican su vida para entregarla a Dios, a través del servicio a los demás.   Unos lo hacen desde sus hogares y familias, otros renuncian a ese estilo de vida y se consagran a través de una vida diferente.

Me refiero al estilo de vida donde quiero decirle “sí” a  Dios de una manera radical. Aunque sé que es posible servirle desde la vida de familia, me siento llamado a algo distinto y en mi interior experimento que tengo las fuerzas para lograrlo. Hay un “click” con entregarme, ayudar, echar una mano, desde una perspectiva distinta de lo que tengo a mi alrededor hoy.

Ese llamado puede ser la vida sacerdotal, la vida religiosa o la vida como laico misionero… hay muchas formas de entregarse a Dios, pero todas ellas tienen algo en común: el servicio a los demás. Si siento en mi interior esa inquietud, es momento de afinar el oído. Si mi corazón late a un ritmo distinto y no me deja tranquilo, vale la pena seguir buscando. Tal vez sea Dios mismo quien me está dirigiendo la palabra…

El primer paso es reconocer esa inquietud. Darme la posibilidad de preguntarle a Dios lo que quiere de mi y sondear mi interior para buscar una posible respuesta. Iré por buen camino si experimento paz dentro de mí, en medio de las muchas inquietudes que puedan nacer.

Quien quita y seas el próximo que Dios llama para servirle.